No tengo ganas de comer, aquí me alimento de aire. Tengo mucha sed, pero se me pasa cuando me baño en el mar, me gusta nadar con los peces transparentes, y tumbarme en pareos descoloridos por el sol y el tiempo, mis hijos se están volviendo rubios minuto a minuto, a pesar de todo son hijos de la oscuridad que brilla, no sé cómo pero cuento doce sombreros sobre una silla, doce sombreros, doce pareos, dicen que hay españoles en Sudáfrica y que se han vestido de rojo, no lo sé, casi todo me da igual, especialmente algunas cosas, arena que quema, sandía helada, no sé dónde me he sentado pero huelo a resina, y además estoy pegajosa, pero huele muy bien, verde del bosque contra azul del cielo y azul del mar, caminos, saltamos por el camino, saltamos al llegar … por la noche la luz del faro entra por la ventana, easy days, easy nights … helados de chocolate amb toronja …
"Tengo ganas de fiesta, de que acabe el invierno, de volver a nadar en el mar, de soñar el verano en el que fuimos novios y poderle cambiar el final. Tengo algunos poemas que escribimos entonces y ahora te harían reír, han pasado tres años desde aquel verano y sigo enamorada de ti. Tu cara triste, tu amor de plata, podemos volver a empezar, seremos delfines o ballenas azules viviendo en el fondo del mar."
miércoles, 30 de junio de 2010
Easy days
Escribiendo en línea recta con el mar, si levanto la mano del teclado y la estiro toco el agua y el cielo, que hoy son del mismo color, si estiro un poco más el brazo toco Mallorca, a medio camino mis hijos se bañan en una piscina sin cloro, de fondo la música de Jack Johnson, un vaso de agua muy fría en la mesa, las bicis aparcadas, un biquini verde, el dolor de cabeza anestesiado a base de Enantyum y por delante una tarde de playa hasta la puesta del sol. Así pasan mis easy days, uno detrás de otro.
No tengo ganas de comer, aquí me alimento de aire. Tengo mucha sed, pero se me pasa cuando me baño en el mar, me gusta nadar con los peces transparentes, y tumbarme en pareos descoloridos por el sol y el tiempo, mis hijos se están volviendo rubios minuto a minuto, a pesar de todo son hijos de la oscuridad que brilla, no sé cómo pero cuento doce sombreros sobre una silla, doce sombreros, doce pareos, dicen que hay españoles en Sudáfrica y que se han vestido de rojo, no lo sé, casi todo me da igual, especialmente algunas cosas, arena que quema, sandía helada, no sé dónde me he sentado pero huelo a resina, y además estoy pegajosa, pero huele muy bien, verde del bosque contra azul del cielo y azul del mar, caminos, saltamos por el camino, saltamos al llegar … por la noche la luz del faro entra por la ventana, easy days, easy nights … helados de chocolate amb toronja …
No tengo ganas de comer, aquí me alimento de aire. Tengo mucha sed, pero se me pasa cuando me baño en el mar, me gusta nadar con los peces transparentes, y tumbarme en pareos descoloridos por el sol y el tiempo, mis hijos se están volviendo rubios minuto a minuto, a pesar de todo son hijos de la oscuridad que brilla, no sé cómo pero cuento doce sombreros sobre una silla, doce sombreros, doce pareos, dicen que hay españoles en Sudáfrica y que se han vestido de rojo, no lo sé, casi todo me da igual, especialmente algunas cosas, arena que quema, sandía helada, no sé dónde me he sentado pero huelo a resina, y además estoy pegajosa, pero huele muy bien, verde del bosque contra azul del cielo y azul del mar, caminos, saltamos por el camino, saltamos al llegar … por la noche la luz del faro entra por la ventana, easy days, easy nights … helados de chocolate amb toronja …
miércoles, 9 de junio de 2010
Me gusta
Mis hijos, mi familia y mis amigos, la gente a la que quiero, la gente que me quiere, esas personas que me cruzo por la calle y a las que podría llegar a querer, la música, las canciones, los libros, el mar, saltar, la playa, el sol, el agua, el bikram, las nubes, la mermelada de arándanos, subirme a un árbol, viajar, el café, las botas, los sombreros, los pañuelos para el cuello, el verano, las pastillas de colores, Eels, Madrid, las bicicletas, la cerveza, Vancouver, hacer fotos, las cremas de Khiels, el norte, comer sandía, ir en tren, namasté, el cruce de miradas, las miradas que se cruzan, el cine, sonreir, los semáforos en ámbar, Menorca, conducir deprisa, el otoño en Maine, el otoño, el té, la gente amable, una guitarra, la piel morena, un concierto, lo desconocido, California, llorar, una mecedora en un porche, Londres, el salitre en la piel, las palabras, mi i-pod, las cerezas, el calor, un abrazo, una furgo VW, un velero, el chocolate, NY, la nieve, Wilco, la hierba, un columpio, el viento, mi sofá, los ancianos, el olor de los bebés, hacer el pino, los polos de limón, una casa en un árbol, un deseo, capicúa, los aeropuertos, los chicos con patillas, el rugby, el arco iris, los tomates verdes fritos, las olas, los puzzles, escribir, un baño de espuma con aceite de limón, los sandwiches de mantequilla de cacahuete, los médicos, las chanclas, un campo de flores, Barcelona, nadar, el thunderbird del 66, los chicos con gafas, tumbarme al sol, el aquarius, jugar al parchís, los masajes, las motos, Gregory Peck, no hacer nada, Bob Esponja y sus amigos, las bibliotecas, los amaneceres, la ropa tendida al sol ...
lunes, 24 de mayo de 2010
Qué risa
Tengo ahora puesta mi esperanza en la terapia de la risa, no en la de la sonrisa, sino en la de los ataques de risa, esos que hacen que te dobles y los abdominales te duelan a rabiar, de esos que te hacen pensar que te vas a morir, morir de risa, no tiene que ser una mala forma de morir si es que existe alguna forma de morir que no sea mala. El otro día tirada en la cama a una hora que no es la hora de dormir (cuando digo tirada es tirada, no tendida, ni tumbada, ni acostada, ni recostada, sino tirada, y el matiz es importante) intentaba encontrar una nueva terapia contra el dolor de cabeza, algo alejado de la química, de los curanderos, de los masajes, algo que no tuviera que ver con el control mental, algo que nadie me hubiera recomendado todavía, y no sé por qué se me ocurrió que quizá un buen ataque de risa funconaría como una especie de analgésico. Y tiré de mi archivo mental para revivir el top ten de los mejores ataques de risa de mi historia, me di cuenta de que casi todos los había vivido con mi hermano y mi madre. Me encantaría que compartieras conmigo esos momentos, pero soy consciente de que contarlos no serviría para nada, son situaciones que se viven y ya está, para los demás carecen de gracia y yo, que aborrezco los chistes, no seré la que torture a nadie con aquella historia que nos pasó a mi hermano y a mí durante una misa en Galicia, juajuajauajua, es que las misas han dado mucho de sí, juajuajuajau, ni tampoco aquella otra cuya protagonista era una chica con el pelo amarillo que todavía se debe estar acordando de la maldita peluquera, de verdad que no tenía ni pizca de gracia juajuajuajua ... mi hermano y y nos miramos a la cara, nos acordamos de una tontería y nos partimos de la risa, nos calificamos a nosotros mismos de "gomaespumosos" ... nos reimos de nosotros mismos, y seguimos nuestro "protocolo" juajuajuajuaja ...
Allí tirada y de repente me entraron ganas de reirme muy fuerte y llamé a mi madre y le pedí que me contara por favor otra vez la historia esa de cuando no le quedo más remedio que subirse a la fregoneta de un gitano chatarrero juajuajuajuajua ... fue mi madre un día hasta la casa de unos gitanos que viven en el centro del pueblo, justo enfrente de la casa del ilustre escritor costumbrista montañés José María de Pereda, ya ves. Iba a pedirles que se pasaran por mi casa a recoger una lámpara de la que mi madre había decidido desprenderse (por fin) porque era bastante fea juajuajuauaja ahora nos reimos del día que compró esa lámpara tan fea, pero esa es otra historia, esa lámpara tiene historia y es un gran borrón en el estiloso curriculum de mi estilosa madre juajuajua, pero estaba con los gitanos ... se presentó mi madre en su casa mientras la familia de veinte disfrutaba de una enorme paella de marisco a la que, según me dice, no le faltaba de nada, carabineros y gambas ninguneaban al pobre arroz, me cuenta que olía de maravilla, y es que por lo visto la "mama" cocina de maravilla. Se disculpó mi madre por interrumpirles la comida, les habló de la lámpara y el "papa" se levantó de la mesa dispuesto a recoger la lámpara en ese mismo momento (antes de que mi madre se arrepintiese). En tono decidido le "ordenó" a mi madre que se subiera a la fregoneta azul que pallá se iban.. Ella amablemente declinó la invitación y le dijo que no se preocupase que le gustaba caminar, que se daría un paseo, pero fue inútil ... por lo visto no es tan fácil llevar la contraria al "papa" de esa familia, así que juajuajuajauaujau ... ay, es que sólo imaginarme la cara de mi madre montada en la fregoneta azul juajuajauajauau ... de verdad, sé que no lo entiendes, juajuajauajau, pero tiene mucha gracia , juajuajauaua ...
Risoterapia a lo bestia contra el dolor de cabeza.
Risoterapia a lo bestia contra el dolor de cabeza.
jueves, 22 de abril de 2010
Caótica Marta
Estoy buscando un camino alternativo, me he cansado ya de pasar siempre por las mismas atascadas rotondas, de parar siempre en los mismos semáforos, de ralentizar mi velocidad siempre en las mismas calles, de toparme siempre con los coches aparcados en doble fila en el mismo boulevard, de dar vueltas para aparcar siempre en las misma zona, me aburro, me aburro de ver los mismos edificios, de cruzar los mismos pasos de cebra colocados siempre en el mismo sitio y siempre con las rayas de color blanco, ¿por qué no los pintan de colores?. Llegando a la rotonda X circulo siempre por el carril de la derecha, tengo calculado que siempre te incorporas antes, sin embargo en la rotonda Y me incorporo por el carril de la izquierda, no sé cual es el fenómeno traficológico que hace que en esa rotonda las cosas sean al revés. Si me salto el semáforo X en ámbar no pasa nada, pero si me salto el semáforo Y en ámbar me quedo en medio por medio segundo y el coche que viene por mi izquierda se pone a pitar como un loco, porque seguramente esté muy cabreado con su socio debido a una gestión mal llevada a cabo y tenga ganas de llegar a casa o a dónde quiera que vaya, puede que al gimnasio a luchar contra el colesterol y los michelines, porque contra la alopecia galopante hace tiempo que perdió la batalla, y no me pites a mí, que me duele la cabeza, y además yo no tengo la culpa de que la gente no sepa circular por las rotondas igual de bien que lo hacen nuestros vecinos los franceses, que esos sí que saben, así que deja el claxon en paz, porque ¿sabes qué?, mi coche también tiene, y yo también puedo resultar muy desagradable cuando me empleo a fondo con él, así que dejémoslo, vamos a dar una oportunidad al silencio, o a la música, ahhhh, ¿que vas escuchando una irritante tertulia de esas en las que cuatro tarados opinan de todo un poco?, pues chico ese es tu problema, te aconsejo que pongas música, es mejor, pero bueno cada uno ...
Ayer cambié la ruta, decidí cambiar los habituales semáforos y rotondas por un rodeo por la M-algo, al menos así puedo pisar el acelerador, pero ¡vaya qué mala suerte!, un panel informativo anuncia retenciones como consecuencia de un accidente unos kilómetros más adelante, creo que no he elegido buen momento para cambios, así que me salgo por aquí, da igual a algún sitio me llevará, argghhh, me he pasado, bueno sigo y doy la vuelta, qué follón hay ahí, ¿qué hace tanto poli en la zona?, seguro que algún famoso-con-cargo y coche blindado de lunas tintadas está ingresado en la clínica ésta que le gusta tanto a los famosos (con y sin cargo), ¿y yo por donde me salgo?, ¿por la primera o por la segunda?, bueno mientras lo decido doy otra vuelta a la rotonda, y otra, ¡ay mierda!, perdón, quería decir ¡ay rayos y centellas!, que se ha debido de mosquear el poli éste y me manda parar, noooooooooo, documentación, arghhhh, yo que sé, espere, o espera, a los agentes de tráfico ¿se les trata de usted?, es que este es un poco rockabilly, no me pega, pero yo por si acaso le trato de usted, tengo una prisa de muerte, los niños salen del cole y se ponen muy nerviosos cuando yo no estoy esperando en la puerta con una amplia sonrisa y dispuesta a hacer de perchero humano, déjelo, circule, y circulo, que majo el poli rockero ... creo que ya sé como salir de aquí, pero al final por evitarme lo de todos los días me he tragado el doble.
En cualquier caso seguiré buscando mi camino alternativo, hablo en serio cuando digo que estoy cansada de ésto y de lo otro, aunque puede que todo sea culpa de mi estado de ferropenia, ese es mi nuevo adjetivo, ahora soy o, mejor dicho, estoy ferropénica, y eso me produce un tremendo cansancio. Tomaré ese líquido negro asqueroso media hora antes de las comidas y espero dejar de estar ferropénica, porque prefiero ser indie que ferropénica, que suena fatal, y eso que el hierro no le viene nada bien a mi médula, porque le anima a producir glóbulos y bastantes produce ella sola, pero debe ser que no me sirven, no sé, todo es un lío, pero yo soy un lío, circulo entre el caos mientras mi sangre circula entre el caos, todo es un poco caótico, yo soy caótica, caótica Marta ... hay cosas que no cambian, ya veré por donde circulo mañana, depende ... de ... y yo qué sé de qué depende ...
Ayer cambié la ruta, decidí cambiar los habituales semáforos y rotondas por un rodeo por la M-algo, al menos así puedo pisar el acelerador, pero ¡vaya qué mala suerte!, un panel informativo anuncia retenciones como consecuencia de un accidente unos kilómetros más adelante, creo que no he elegido buen momento para cambios, así que me salgo por aquí, da igual a algún sitio me llevará, argghhh, me he pasado, bueno sigo y doy la vuelta, qué follón hay ahí, ¿qué hace tanto poli en la zona?, seguro que algún famoso-con-cargo y coche blindado de lunas tintadas está ingresado en la clínica ésta que le gusta tanto a los famosos (con y sin cargo), ¿y yo por donde me salgo?, ¿por la primera o por la segunda?, bueno mientras lo decido doy otra vuelta a la rotonda, y otra, ¡ay mierda!, perdón, quería decir ¡ay rayos y centellas!, que se ha debido de mosquear el poli éste y me manda parar, noooooooooo, documentación, arghhhh, yo que sé, espere, o espera, a los agentes de tráfico ¿se les trata de usted?, es que este es un poco rockabilly, no me pega, pero yo por si acaso le trato de usted, tengo una prisa de muerte, los niños salen del cole y se ponen muy nerviosos cuando yo no estoy esperando en la puerta con una amplia sonrisa y dispuesta a hacer de perchero humano, déjelo, circule, y circulo, que majo el poli rockero ... creo que ya sé como salir de aquí, pero al final por evitarme lo de todos los días me he tragado el doble.
En cualquier caso seguiré buscando mi camino alternativo, hablo en serio cuando digo que estoy cansada de ésto y de lo otro, aunque puede que todo sea culpa de mi estado de ferropenia, ese es mi nuevo adjetivo, ahora soy o, mejor dicho, estoy ferropénica, y eso me produce un tremendo cansancio. Tomaré ese líquido negro asqueroso media hora antes de las comidas y espero dejar de estar ferropénica, porque prefiero ser indie que ferropénica, que suena fatal, y eso que el hierro no le viene nada bien a mi médula, porque le anima a producir glóbulos y bastantes produce ella sola, pero debe ser que no me sirven, no sé, todo es un lío, pero yo soy un lío, circulo entre el caos mientras mi sangre circula entre el caos, todo es un poco caótico, yo soy caótica, caótica Marta ... hay cosas que no cambian, ya veré por donde circulo mañana, depende ... de ... y yo qué sé de qué depende ...
lunes, 12 de abril de 2010
Activando mecanismos
Hoy no me he levantado dando un salto mortal. Hoy me he levantado con un dolor de cabeza que, a pesar de no ser demasiado fuerte, era un dolor con sus cinco letras. Se debió colar en mi cama esta noche cuando dormía profundamente, y es que en mi cama caben muchas cosas, a veces han llegado a coincidir allí dos adultos, dos niños, varios tipos de dolores y sueños a mogollón, no me preguntes cómo, porque mi cama no es king size como esas de los hoteles, y no me preguntes cuánto mide porque no tengo ni idea, yo que sé lo que mide una cama, pero tampoco sé cuantos habitantes tiene mi ciudad, ni la ciudad donde nací, no tengo ni una idea aproximada, pero es que hay determinados datos que mi cerebro no está preparado para almacenar, no sé por qué, y entre esos datos están las medidas estándar y la población de las ciudades.
El caso es que no porque se empeñe en visitarme asiduamente consigo coger cariño a este pesado dolor de cabeza, y en vez de café con pastas le obsequio siempre con una (o media) pastilla de enantyum 25 mg, dexketoprofeno trometamol con agua para el visitante no invitado, se acabó la hospitalidad en mi cabeza, hola soy Marta Montoya, tu invadiste mi cabeza, preparate a morir.
Y cuando he conseguido acabar con él (por unas horas, espero que muchas horas), he pulsado la tecla ésa que tenemos las madres localizada cerca del ombligo y que activa el programa ése que funciona 24 horas al día los 365 días del año y al que no le afectan ni los cortes de electricidad ni los descensos de energía. Este programa tiene un funcionamiento similar a los generadores de emergencia de los quirófanos, siempre tienen que estar preparados. Y gracias a este programa mis hijos han ido brillantes y bien alimentados hoy al colegio, vitaminas, calcio, proteínas concentradas en un desayuno express con repaso de spelling incluído, recuerda hijo dress acaba con dos eses, si, vale, vale, y para el próximo spelling no olvides estudiarlo con tiempo, esto de acordarte de un examen un domingo por la tarde no lo vuelvas a hacer, vale, vale, te lo prometo, ya, ya, prometer es una palabra vacía de significado para tí, creo, pero bueno ... llega el autobús, corred, corred ... run, run ...
Desactivo el programa y me preparo un zumo de naranja, porque cuando volvía hacia casa la imagen de mi madre me ha visitado, mi conciencia se ha activado y he pensado que igual a mi organismo le vendría bien una ración de vitaminas de color naranja. Me he bebido un vaso rebosante de zumo de naranjas con una pajita de color rosa fucsia, yo la quería verde, pero me ha tocado rosa fucsia, y todos sabemos que te tienes que quedar con la pajita que cojas con los ojos cerrados, sin hacer trampas, te toque la que te toque ... hay cosas que son así porque siempre han sido así y tendrán que seguir siéndolo, así que rosa fucsia.
El problema es que la vitamina C ha debido activar en mi cerebro el mecanismo de sueños imposibles (de momento). Esos sueños implican aviones que cruzan océanos y aterrizan en lugares donde yo tengo planeado instalarme en breve, allí donde huele a mar, donde mis hijos podrán surfear al atardecer después de leer un rato libros de aventuras mientras meriendan la fruta de la temporada recién recogida de los árboles que rodean nuestra casa, esos árboles en los que viven familias de ardillas de cola espesa y orejas puntiagudas. Esos lugares donde los amaneceres no meten prisa a nadie, donde los sentimientos fluyen sin necesidad de artificios, donde nadie sabe qué son los aditivos, donde la brisa se disfraza de analgésico ... me voy a poner imágenes a este sueño, me voy a dormir un rato. Nos veremos pronto.
¿Os había dicho que me voy a comprar una bicicleta?
El caso es que no porque se empeñe en visitarme asiduamente consigo coger cariño a este pesado dolor de cabeza, y en vez de café con pastas le obsequio siempre con una (o media) pastilla de enantyum 25 mg, dexketoprofeno trometamol con agua para el visitante no invitado, se acabó la hospitalidad en mi cabeza, hola soy Marta Montoya, tu invadiste mi cabeza, preparate a morir.
Y cuando he conseguido acabar con él (por unas horas, espero que muchas horas), he pulsado la tecla ésa que tenemos las madres localizada cerca del ombligo y que activa el programa ése que funciona 24 horas al día los 365 días del año y al que no le afectan ni los cortes de electricidad ni los descensos de energía. Este programa tiene un funcionamiento similar a los generadores de emergencia de los quirófanos, siempre tienen que estar preparados. Y gracias a este programa mis hijos han ido brillantes y bien alimentados hoy al colegio, vitaminas, calcio, proteínas concentradas en un desayuno express con repaso de spelling incluído, recuerda hijo dress acaba con dos eses, si, vale, vale, y para el próximo spelling no olvides estudiarlo con tiempo, esto de acordarte de un examen un domingo por la tarde no lo vuelvas a hacer, vale, vale, te lo prometo, ya, ya, prometer es una palabra vacía de significado para tí, creo, pero bueno ... llega el autobús, corred, corred ... run, run ...
Desactivo el programa y me preparo un zumo de naranja, porque cuando volvía hacia casa la imagen de mi madre me ha visitado, mi conciencia se ha activado y he pensado que igual a mi organismo le vendría bien una ración de vitaminas de color naranja. Me he bebido un vaso rebosante de zumo de naranjas con una pajita de color rosa fucsia, yo la quería verde, pero me ha tocado rosa fucsia, y todos sabemos que te tienes que quedar con la pajita que cojas con los ojos cerrados, sin hacer trampas, te toque la que te toque ... hay cosas que son así porque siempre han sido así y tendrán que seguir siéndolo, así que rosa fucsia.
El problema es que la vitamina C ha debido activar en mi cerebro el mecanismo de sueños imposibles (de momento). Esos sueños implican aviones que cruzan océanos y aterrizan en lugares donde yo tengo planeado instalarme en breve, allí donde huele a mar, donde mis hijos podrán surfear al atardecer después de leer un rato libros de aventuras mientras meriendan la fruta de la temporada recién recogida de los árboles que rodean nuestra casa, esos árboles en los que viven familias de ardillas de cola espesa y orejas puntiagudas. Esos lugares donde los amaneceres no meten prisa a nadie, donde los sentimientos fluyen sin necesidad de artificios, donde nadie sabe qué son los aditivos, donde la brisa se disfraza de analgésico ... me voy a poner imágenes a este sueño, me voy a dormir un rato. Nos veremos pronto.
¿Os había dicho que me voy a comprar una bicicleta?
miércoles, 24 de marzo de 2010
... y no olviden supervitaminarse y supermineralizarse
Me da igual que lo califiquen de cansancio subjetivo como haces tú, Dani-my-friend, me da igual que le echen la culpa a la unión de fuerzas de todos los medicamentos que me meto al cuerpo día a día como haces tú, Manuel-my-friend, me da igual que le echen la culpa a la poca cantidad de comida que ingiero habitualmente como haces tú, my-dear-Mum, me da igual que le echéis la culpa a mi adorado sofá, al que acusáis de acapararme en exceso y de poseer efectos adictivos, como hacéis tú, y tú, y tú también (desde aquí pido que se limpie la imagen de mi pobre sofá, que no hace otra cosa que acogerme en sus brazos cuando todo lo demás me falla) ... me da igual lo que piense el resto del mundo sobre mí y la sombra de cansancio que me acompaña, el caso es que un día de éstos creo que me voy a morir de cansancio, me voy a deshacer formando un charco de un líquido de color azul cielo, o voy a desaparecer al doblar una esquina empujada por una ráfaga de viento, o quizá una tarde, a la hora de la siesta, mi sofá me trague ... vete tú a saber qué formas puede llegar a adoptar el cansancio para cargarse a una persona.
Ya sé lo que estás pensando, que nadie se muere de cansancio ¿y éso quién lo puede afirmar con total seguridad? porque mi cansancio no es ese tipo sonriente que aparece después de jugar un partido de pádel o de correr media hora, no mi cansancio es un tipo siniestro que vive en las profundidades de la tierra y que tira con todas sus fuerzas de mí mientras yo me resisto a ser arrastrada.
Pues si no comes ... ¡ así te va a ir a tí !. Primer punto, sí como, claro que como. Segundo punto, para más información, preguntar a mi estómago.
¡ Pues toma vitaminas !, pues no debo tomar vitaminas, porque interactúan con un medicamento que tomo y es un poco pijo y todo le afecta y tal y tal.
¡ Pues prueba con la medicina alternativa !, pues me niego, estoy enfadada, pero muy enfadada, con la medicina alternativa, porque cuando antes de que me pasara lo que me pasó, por aquel entonces en el que yo me encontraba tan mal, y nadie se tomaba en serio mis quejas, y cuando digo nadie, hablo de médicos, porque los que más me quieren sí que se preocupaban por mí, aunque no sabían cómo ayudarme, pues por aquellos días decidí visitar a un famoso homeópata que tenía una enorme consulta en la calle Claudio Coello de Madrid. Pensaba que esa primera visita era el principio del fin de mis males disfrazados de estrés, pero que a mí no me engañaban. Y después de mirarme los ojos con una minilinterna y de preguntarme si mis padres estaban sanos y hacerme confesar a la fuerza lo mal que me alimentaba, se puso a escribir en un papel el nombre de esas bolas blancas que recetan los homeópatas y el nombre de unas supervitaminas que me iban a dar fuerza inhumana, perdón sobrehumana, y le dijo a la estúpida de su enfermera que me diese información sobre como tenía que ser mi alimentación de entonces en adelante, sana, muy sana, excesivamente sana, tan sana que no cabía en la cabeza de un individuo que le ha tocado vivir a principios del siglo XXI. Y como no quería irme de allí sólo con dos papeles me atreví, osada de mí, a preguntarle sobre mi diagnóstico, nada, nada, todo está bien, lo único que no te funcionan muy bien son los riñones, pero eso lo arreglamos en un pis pas. ¡ Pues vale, tío !
Que nadie me vuelva a decir que pruebe la homeopatía, por favor, a muchos les habrá funcionado, pero la sensación que produce en mi cuerpo es de rabia, dos meses antes de que mi cuerpo explotara (literalmente) este señor con tantos títulos y tan reconocido que incluso había trabajado para la familia real inglesa, me dijo que en mi cuerpo todo funcionaba bien, cuando lo único que funcionaba bien en mi cuerpo eran ... sí, ¡los riñones!. Y que conste que a mí todo me parece muy bien, faltaría más, viva la homeopatía, la medicina alternativa y su prima segunda la tradicional, que tampoco supo ver a tiempo lo que me pasaba, y que conste que no fue porque yo no les avisara de lo que mi cuerpo me estaba tratando de decir. Pero ya es demasiado tarde para pensar en todo eso, yo ahora no creo en nada, yo ahora sólo creo en dios, en Diego, es decir dios en la tierra. Lo de la D es casualidad. El día en el que Diego decida abandonar el ejercicio de la medicina y monte un templo pues allí que me planto yo a orar y orar sin parar, que yo cuando me pongo no paro. Mientras tanto yo le sigo ad-orando en voz baja y sigo buscando la manera de encontrarme mejor. Llegará un día en el que cuando vaya a cruzar una calle y el monigote verde empiece a correr para meterme prisa, yo no me agobie. Llegará un día en que seré como un super-ratón supervitaminado y supermineralizado.
Uy, se me habían olvidado los signos de interrogación, lo que en realidad quise decir era "¿Llegará un día en el que cuando vaya a cruzar una calle y el monigote verde empiece a correr para meterme prisa, yo no me agobie?. ¿Llegará un día en que seré como un super-ratón supervitaminado y supermineralizado?".
(Reflexión personal en voz baja : ¿por qué siempre tengo que moverme entre puntos extremos?)
Ya sé lo que estás pensando, que nadie se muere de cansancio ¿y éso quién lo puede afirmar con total seguridad? porque mi cansancio no es ese tipo sonriente que aparece después de jugar un partido de pádel o de correr media hora, no mi cansancio es un tipo siniestro que vive en las profundidades de la tierra y que tira con todas sus fuerzas de mí mientras yo me resisto a ser arrastrada.
Pues si no comes ... ¡ así te va a ir a tí !. Primer punto, sí como, claro que como. Segundo punto, para más información, preguntar a mi estómago.
¡ Pues toma vitaminas !, pues no debo tomar vitaminas, porque interactúan con un medicamento que tomo y es un poco pijo y todo le afecta y tal y tal.
¡ Pues prueba con la medicina alternativa !, pues me niego, estoy enfadada, pero muy enfadada, con la medicina alternativa, porque cuando antes de que me pasara lo que me pasó, por aquel entonces en el que yo me encontraba tan mal, y nadie se tomaba en serio mis quejas, y cuando digo nadie, hablo de médicos, porque los que más me quieren sí que se preocupaban por mí, aunque no sabían cómo ayudarme, pues por aquellos días decidí visitar a un famoso homeópata que tenía una enorme consulta en la calle Claudio Coello de Madrid. Pensaba que esa primera visita era el principio del fin de mis males disfrazados de estrés, pero que a mí no me engañaban. Y después de mirarme los ojos con una minilinterna y de preguntarme si mis padres estaban sanos y hacerme confesar a la fuerza lo mal que me alimentaba, se puso a escribir en un papel el nombre de esas bolas blancas que recetan los homeópatas y el nombre de unas supervitaminas que me iban a dar fuerza inhumana, perdón sobrehumana, y le dijo a la estúpida de su enfermera que me diese información sobre como tenía que ser mi alimentación de entonces en adelante, sana, muy sana, excesivamente sana, tan sana que no cabía en la cabeza de un individuo que le ha tocado vivir a principios del siglo XXI. Y como no quería irme de allí sólo con dos papeles me atreví, osada de mí, a preguntarle sobre mi diagnóstico, nada, nada, todo está bien, lo único que no te funcionan muy bien son los riñones, pero eso lo arreglamos en un pis pas. ¡ Pues vale, tío !
Que nadie me vuelva a decir que pruebe la homeopatía, por favor, a muchos les habrá funcionado, pero la sensación que produce en mi cuerpo es de rabia, dos meses antes de que mi cuerpo explotara (literalmente) este señor con tantos títulos y tan reconocido que incluso había trabajado para la familia real inglesa, me dijo que en mi cuerpo todo funcionaba bien, cuando lo único que funcionaba bien en mi cuerpo eran ... sí, ¡los riñones!. Y que conste que a mí todo me parece muy bien, faltaría más, viva la homeopatía, la medicina alternativa y su prima segunda la tradicional, que tampoco supo ver a tiempo lo que me pasaba, y que conste que no fue porque yo no les avisara de lo que mi cuerpo me estaba tratando de decir. Pero ya es demasiado tarde para pensar en todo eso, yo ahora no creo en nada, yo ahora sólo creo en dios, en Diego, es decir dios en la tierra. Lo de la D es casualidad. El día en el que Diego decida abandonar el ejercicio de la medicina y monte un templo pues allí que me planto yo a orar y orar sin parar, que yo cuando me pongo no paro. Mientras tanto yo le sigo ad-orando en voz baja y sigo buscando la manera de encontrarme mejor. Llegará un día en el que cuando vaya a cruzar una calle y el monigote verde empiece a correr para meterme prisa, yo no me agobie. Llegará un día en que seré como un super-ratón supervitaminado y supermineralizado.
Uy, se me habían olvidado los signos de interrogación, lo que en realidad quise decir era "¿Llegará un día en el que cuando vaya a cruzar una calle y el monigote verde empiece a correr para meterme prisa, yo no me agobie?. ¿Llegará un día en que seré como un super-ratón supervitaminado y supermineralizado?".
(Reflexión personal en voz baja : ¿por qué siempre tengo que moverme entre puntos extremos?)
miércoles, 17 de marzo de 2010
Here comes the sun
Esta mañana el sol olía a flores. Ahora escribo mientras escucho a mi adorado Eef Barzelay presentar en acústico su nuevo disco en uno de mis programas favoritos de Radio 3. Esta noche tocan en la sala Heineken. ¿Alguien quiere venir conmigo a disfrutar de un concierto de Clem Snide? Me gusta Eef, me gustan los chicos con gafas, nariz grande y cara de judíos (Eef es judío), aunque sus gafas de pasta son lo de menos, lo de más es que me gusta su música.
Esta mañana el sol olía a primavera y la vida cotidiana se empeñaba en ir más deprisa que nosotros. Mis vecinas las vampiras, a las que siempre me encuentro cuando vuelvo, hoy se cruzaron con nosotros cuando íbamos. Miré el reloj, pero las agujas estaban en el sitio en el que debían estar. La chica rumana o búlgara, rusa quizá, aunque puede que sea de Moratalaz y yo me empeñe en disfrazarla de eslava, que me cruzo todas las mañanas a la altura de la consulta de la pediatra-abuela, hoy me la crucé a la altura de la casa que tiene ese árbol tan alto, tan alto que si te quedas mirándolo un rato largo te puedes llegar a marear, pero las agujas del reloj estaban en su sitio. El operario del ayuntamiento que lleva un mono verde con el eslógan "Pozuelo limpio" barría dos números más arriba cuando llegué a casa, pero mi reloj insistía en que yo iba en hora, faltaban exactamente diez minutos para disfrutar de mi capuccino. ¿Que le pasa a todo el mundo hoy? ¿Por qué se empeñan en ir por delante? Da igual, debe de ser el sol éste que huele a mandarinas el que les adelanta un poco con respecto a mí. Espero que en un par de días el sol también me acelere a mí un poco y anule con moderación los efectos que las seis minipastillas rosas que me trago al día provocan en mi cuerpo.
Hoy el capuccino estaba triste. Naneth está triste. Nosotros estamos tristes por Naneth. El sábado un mensaje le comunicaba que su hermana había muerto. El maldito cáncer actúa de nuevo. El maldito cáncer que llega hasta los más recónditos lugares del planeta como la pequeña isla filipina de donde procede Naneth. Es increible pero Naneth sonríe incluso cuando llora. Difícil eso de consolar en inglés a una persona que pasa por semejante trago tan lejos de los de su sangre. Le dijimos que no se preocupase por nada, que le ayudaríamos a gestionar los imprevistos y que estuviese tranquila, que nosotros pordríamos prescindir de ella por un tiempo. Evidentemente en el nosotros no estaba incluída yo, pero da igual, me pegaré al nosotros y entre todos nos apañaremos. Así como un cojo necesita su bastón y un miope sus gafas, yo necesito mi tercera mano, que le vamos a hacer, cada uno necesita lo que necesita.
A Catalina le tuve que obligar a llorar antes de que los ojos se le salieran de la cara, le expliqué que llorar es bueno y a veces necesario. Lloró un buen rato y luego abrió su hucha para darle el dinero que tiene ahorrado a Naneth. Afortunadamente le intercepté a tiempo y le expliqué que era muy bonito su gesto, pero que quizá era mejor que le comprara un regalo, que se pondría muy contenta.
Bruno no podía dejar de mirarla a la cara con una mezcla de pena y curiosidad. Creo que trataba de ver en qué consistía la tristeza. Esa mañana volvió de un cumple cargado de golosinas para Naneth, para que no estuviera tan triste.
Y mientras yo pensaba lo triste que es el mundo y lo maravillosos y tiernos que son los niños.
Y mientras yo pensaba en cuánto desearía volver a ser niña, volver a vivir aquellos tiempos en lo que lo peor que te podía pasar era que te llevaran al dentista o que te pusieran una inyección. Ahora lo que mejor te puede pasar es que sólo tengas que ir al dentista y que te tengan que poner una inyección ...
Esta mañana el sol olía a primavera y la vida cotidiana se empeñaba en ir más deprisa que nosotros. Mis vecinas las vampiras, a las que siempre me encuentro cuando vuelvo, hoy se cruzaron con nosotros cuando íbamos. Miré el reloj, pero las agujas estaban en el sitio en el que debían estar. La chica rumana o búlgara, rusa quizá, aunque puede que sea de Moratalaz y yo me empeñe en disfrazarla de eslava, que me cruzo todas las mañanas a la altura de la consulta de la pediatra-abuela, hoy me la crucé a la altura de la casa que tiene ese árbol tan alto, tan alto que si te quedas mirándolo un rato largo te puedes llegar a marear, pero las agujas del reloj estaban en su sitio. El operario del ayuntamiento que lleva un mono verde con el eslógan "Pozuelo limpio" barría dos números más arriba cuando llegué a casa, pero mi reloj insistía en que yo iba en hora, faltaban exactamente diez minutos para disfrutar de mi capuccino. ¿Que le pasa a todo el mundo hoy? ¿Por qué se empeñan en ir por delante? Da igual, debe de ser el sol éste que huele a mandarinas el que les adelanta un poco con respecto a mí. Espero que en un par de días el sol también me acelere a mí un poco y anule con moderación los efectos que las seis minipastillas rosas que me trago al día provocan en mi cuerpo.
Hoy el capuccino estaba triste. Naneth está triste. Nosotros estamos tristes por Naneth. El sábado un mensaje le comunicaba que su hermana había muerto. El maldito cáncer actúa de nuevo. El maldito cáncer que llega hasta los más recónditos lugares del planeta como la pequeña isla filipina de donde procede Naneth. Es increible pero Naneth sonríe incluso cuando llora. Difícil eso de consolar en inglés a una persona que pasa por semejante trago tan lejos de los de su sangre. Le dijimos que no se preocupase por nada, que le ayudaríamos a gestionar los imprevistos y que estuviese tranquila, que nosotros pordríamos prescindir de ella por un tiempo. Evidentemente en el nosotros no estaba incluída yo, pero da igual, me pegaré al nosotros y entre todos nos apañaremos. Así como un cojo necesita su bastón y un miope sus gafas, yo necesito mi tercera mano, que le vamos a hacer, cada uno necesita lo que necesita.
A Catalina le tuve que obligar a llorar antes de que los ojos se le salieran de la cara, le expliqué que llorar es bueno y a veces necesario. Lloró un buen rato y luego abrió su hucha para darle el dinero que tiene ahorrado a Naneth. Afortunadamente le intercepté a tiempo y le expliqué que era muy bonito su gesto, pero que quizá era mejor que le comprara un regalo, que se pondría muy contenta.
Bruno no podía dejar de mirarla a la cara con una mezcla de pena y curiosidad. Creo que trataba de ver en qué consistía la tristeza. Esa mañana volvió de un cumple cargado de golosinas para Naneth, para que no estuviera tan triste.
Y mientras yo pensaba lo triste que es el mundo y lo maravillosos y tiernos que son los niños.
Y mientras yo pensaba en cuánto desearía volver a ser niña, volver a vivir aquellos tiempos en lo que lo peor que te podía pasar era que te llevaran al dentista o que te pusieran una inyección. Ahora lo que mejor te puede pasar es que sólo tengas que ir al dentista y que te tengan que poner una inyección ...
viernes, 12 de marzo de 2010
De noche y de día
Soñé con un campo de flores .
Soñé con montones y montones de libros.
Soñé con cielos muy azules y nubes blancas de algodón.
Soñé que la música no dejaba nunca de sonar.
Soñé con un aire limpio.
Soñé que iba en bicicleta.
Soñé con el sonido del mar.
Soñé con delfines.
Soñé con una puesta de sol en Africa.
Soñé que tomaba el té con Rajid en la India.
Soñé que me perdí y no tuve miedo.
Soñé que no sabía lo que era el miedo.
Soñe con un abrazo.
Soñe que tocaba la guirarra junto a un fuego en una playa de Morro Bay.
Soñé que olía a naranja con canela.
Soñe que hacía mucho frío, pero yo no tenía frío.
Soñé que los hospitales eran balnearios.
Soñé con una casa en un árbol.
Soñé con un árbol muy, muy, muy alto.
Soñé con una coreografía para niños.
Soñé que todos los niños del mundo bailaban.
Soñé en colores.
Soñé que me deslizaba.
Soñé que saltaba muy alto.
Soñé que respiraba dentro del agua.
Soñé que hablaba el lenguaje de las hadas del bosque.
Soñé que un beso en la frente me quitó el dolor de cabeza para siempre.
Soñé que volaba.
Soñé que nunca volvería.
Soñé con ancianos que paseaban dando saltos.
Soñé en espiral.
Soñé que todo era mentira.
Soñé que era viento y lluvia a la vez.
Soñé que no podía dejar de reir.
Soñé que no se acababa.
Soñé que alguien me contaba un cuento.
Soñé con un sabor que nunca había probado.
Soñé que no dolía.
Soñé en versión original (sin subtitular)
Soñé que era de noche y de día a la vez ...
y entonces me desperté, y no estaba aquí.
Soñé con montones y montones de libros.
Soñé con cielos muy azules y nubes blancas de algodón.
Soñé que la música no dejaba nunca de sonar.
Soñé con un aire limpio.
Soñé que iba en bicicleta.
Soñé con el sonido del mar.
Soñé con delfines.
Soñé con una puesta de sol en Africa.
Soñé que tomaba el té con Rajid en la India.
Soñé que me perdí y no tuve miedo.
Soñé que no sabía lo que era el miedo.
Soñe con un abrazo.
Soñe que tocaba la guirarra junto a un fuego en una playa de Morro Bay.
Soñé que olía a naranja con canela.
Soñe que hacía mucho frío, pero yo no tenía frío.
Soñé que los hospitales eran balnearios.
Soñé con una casa en un árbol.
Soñé con un árbol muy, muy, muy alto.
Soñé con una coreografía para niños.
Soñé que todos los niños del mundo bailaban.
Soñé en colores.
Soñé que me deslizaba.
Soñé que saltaba muy alto.
Soñé que respiraba dentro del agua.
Soñé que hablaba el lenguaje de las hadas del bosque.
Soñé que un beso en la frente me quitó el dolor de cabeza para siempre.
Soñé que volaba.
Soñé que nunca volvería.
Soñé con ancianos que paseaban dando saltos.
Soñé en espiral.
Soñé que todo era mentira.
Soñé que era viento y lluvia a la vez.
Soñé que no podía dejar de reir.
Soñé que no se acababa.
Soñé que alguien me contaba un cuento.
Soñé con un sabor que nunca había probado.
Soñé que no dolía.
Soñé en versión original (sin subtitular)
Soñé que era de noche y de día a la vez ...
y entonces me desperté, y no estaba aquí.
lunes, 8 de marzo de 2010
Camisetas para el invierno
Hace dos días, mientras esperaba durante uno de esos tiempos muertos en los que me toca esperar unas cosas y otras, entré en una tienda en la que yo nunca me compro nada para mí pero en la que a veces encuentro cosas que están bien para los demás, es una cosa rara, lo sé, pero es así. El sábado encontré un estupendo foulard para el cuello de mi hijo, era el último que quedaba, no tenía precio, se lo robé a un niño percha y volví un poco loca a la inútil dependienta de turno de sábado que no sabía muy bien ni cuánto costaba ni si me lo podía vender o no. Cuando lo fui a pagar me atendió la dependienta maja, sonriente, estilosa y contenta de ejercer su oficio una mañana de sábado, y ¡madre mía! como me gusta la gente así, la gente que genera energía a base de buen rollo. Cuando me disponía a firmar el recibo le dije, espera un poco por favor, he visto algo colgado ahí que me gusta, y efectivamente, era una camisa-eta de tirantes muy chula que desde su percha me gritaba"cómprame", y tras comprobar que era mi talla y que su precio era moderadamente razonable, la compré, porque siempre adopto a casi todas las camisetas y demás que me gritan desde las estanterías y las perchas. La simpática dependienta me dijo que era la última que quedaba, se ve que el sábado era el día de la última prenda para Marta, pagué y me fui de allí muy contenta con mi camisa-eta de verano en una bolsa marrón. Cuando llegué a casa y me la probé me di cuenta, aunque quede un poco mal decirlo, de que me quedaba perfecta y de repente me entraron unas ganas locas de que llegara el buen tiempo, de vestir ligera, de los días de sol en la piel, de calor en el corazón, de brillo en los ojos y de luz en la cara y pensé diréctamente en el verano saltándome la primavera, y decidí que ya no puedo esperar más, que se me está acabando la energía solar acumulada en el hueco que dejó libre mi pobre bazo y que ahora utilizo para guardar cosas que molan, como la energía solar, alguna sonrisa de repuesto, paciencia envasada al vacío, optimismo sin fecha de caducidad y muchas más cosas, porque el hueco es muy grande, date cuenta de que mi bazo era casi siete veces más grande que el tuyo, y eso lo bueno que tiene es que me ha dejado un espacio enorme para guardar este tipo de cosas que me resultan tan útiles ahora en mi nueva vida . Y entonces me di cuenta de que los árboles están empezando a florecer tímidamente y éso me animó. Y sé que la primavera no es la mejor época para mis dolores de cabeza, aunque quien sabe, quizá eso cambie algún día, pero sé que después de la primavera llega el verano, que si es una buena época para mis dolores de cabeza y para mis dolores de espíritu. Y me puse contenta.

Esta mañana me he levantado y creo que al salir a la calle me he dado de narices con el día más frío que recuerdo de todo el invierno.
Todavía me duelen las orejas después de esperar cinco minutos a que llegara el autobús rojo y blanco, conducido por un señor con gafas que se llama Armando, que lleva a mis hijos al colegio.
viernes, 5 de marzo de 2010
Lucha de gigantes
A veces dudo de que sea capaz de mantener una lucha de gigantes durante el resto de mi vida. A veces soy fuerte y optimista y, a base de sonrisas y arropada por el sol y los que más me quieren, avanzo con paso firme, hasta que llega un día en que me cuesta levantarme porque siento como si durante la noche, aprovechando que yo duermo profundamente, alguien o algo disfrazado de gigante me hubiese apaleado con saña con el objetivo de gastar mi sonrisa y robarme esas fuerzas acumuladas que guardo bajo llave cuando descanso.
Y ahora me pregunto si podré con el gigante, porque me cuesta luchar, porque ando escasa de fuerzas, porque los dolores de cabeza me dejan fuera de combate día sí y día no, porque mi médula rebelde no cambiará nunca y seré yo la que me tendré que adaptar a ella y no ella a mí, porque me cuesta reunir las fuerzas para pelear contra organismos oficiales a los que les importo nada o menos, porque me duele la espalda de una manera muy rara que me recuerda demasiado a tiempos pasados delosquenoeranmejor, porque todo el mundo me dice tranquila no pasa nada no es nada, y eso es lo mismo que me decia todo el mundo poco antes de que sí que pasara algo y sí fuera algo, porque mi hija se pregunta ahora por qué Cristina tuvo que morir y yo no sé que decirle, porque mi hija piensa ahora en la muerte y en las enfermedades y sufre animada por su exquisita sensibilidad, esa sensibilidad que le hace pintar hermosos cuadros y cantar como los ángeles pero que también le hace sufrir en exceso cuando no le toca, porque yo me culpo de todo eso, de eso y de otras cosas.
Y entre tanto, de repente un día sale el sol, y cojo mi cámara y me voy, y la sonrisa se me dibuja en la cara y entonces todo el mundo me dice lo bien que se me ve, y yo me lo creo, y sonrío aún más... y de repente un día viene LoL a tocar a Madrid, y yo me pongo una camiseta de conciertos, unos vaqueros rotos y uno de mis mil pares de botas y me planto allí como si fuera de viento y mentalmente reto a todos los que me rodean a adivinar que parte de mi anatomía no funciona del todo bien, porque está más loca que yo, y sé que no lo van a adivinar...y de pronto un día me pongo a correr y me visto de atleta vintage con zapatillas adidas y me camuflo entre los numerosos joggers que llenan los parques de mi residencial pueblo ... y mientras tanto quedo con unos amigos y con otros y tomo mucho café y mucha cerveza sin alcohol ... y voy a cumpleaños infantiles ... y hago de taxista por la zona noroeste de Madrid, y os aseguro que me resultaría más fácil hacer de taxista sij en Nueva York que circular por las calles de las urbanizaciones de Pozuelo, Majadahonda, Las Rozas, Torrelodones, Villanueva de la Cañada, Valdemorillo, Brunete y Las Matas, porque además me niego a usar el GPS, soy así, la explicación no la tengo, pero es que yo hago muchas cosas para las que no tengo explicación, las hago o dejo de hacer porque sí y ya está ... y en otros momentos hago otras cosas ...
Pero entre tantos mientras tantos llega un día en que me faltan las fuerzas, y vuelvo a empezar de nuevo, tengo que sacar la espada, ponerme el casco, borrar la sonrisa y poner cara de arghhh, ahí está de nuevo el maldito gigante, vaya pesadilla corriendo con una bestia detrás, dime que es mentira todo ... ay perdón, me despisté, pues eso, que me toca otra vez luchar, hasta que vuelva a salir el sol, y así van pasando los días en este mundo descomunal, donde siento mi fragilidad.
Pero si hay algo que realmente me da miedo es la enormidad, me da miedo que un día nadie pueda oir mi voz. De momento saco el paraguas hasta que salga el sol.
http://vimeo.com/9888200
Y ahora me pregunto si podré con el gigante, porque me cuesta luchar, porque ando escasa de fuerzas, porque los dolores de cabeza me dejan fuera de combate día sí y día no, porque mi médula rebelde no cambiará nunca y seré yo la que me tendré que adaptar a ella y no ella a mí, porque me cuesta reunir las fuerzas para pelear contra organismos oficiales a los que les importo nada o menos, porque me duele la espalda de una manera muy rara que me recuerda demasiado a tiempos pasados delosquenoeranmejor, porque todo el mundo me dice tranquila no pasa nada no es nada, y eso es lo mismo que me decia todo el mundo poco antes de que sí que pasara algo y sí fuera algo, porque mi hija se pregunta ahora por qué Cristina tuvo que morir y yo no sé que decirle, porque mi hija piensa ahora en la muerte y en las enfermedades y sufre animada por su exquisita sensibilidad, esa sensibilidad que le hace pintar hermosos cuadros y cantar como los ángeles pero que también le hace sufrir en exceso cuando no le toca, porque yo me culpo de todo eso, de eso y de otras cosas.
Y entre tanto, de repente un día sale el sol, y cojo mi cámara y me voy, y la sonrisa se me dibuja en la cara y entonces todo el mundo me dice lo bien que se me ve, y yo me lo creo, y sonrío aún más... y de repente un día viene LoL a tocar a Madrid, y yo me pongo una camiseta de conciertos, unos vaqueros rotos y uno de mis mil pares de botas y me planto allí como si fuera de viento y mentalmente reto a todos los que me rodean a adivinar que parte de mi anatomía no funciona del todo bien, porque está más loca que yo, y sé que no lo van a adivinar...y de pronto un día me pongo a correr y me visto de atleta vintage con zapatillas adidas y me camuflo entre los numerosos joggers que llenan los parques de mi residencial pueblo ... y mientras tanto quedo con unos amigos y con otros y tomo mucho café y mucha cerveza sin alcohol ... y voy a cumpleaños infantiles ... y hago de taxista por la zona noroeste de Madrid, y os aseguro que me resultaría más fácil hacer de taxista sij en Nueva York que circular por las calles de las urbanizaciones de Pozuelo, Majadahonda, Las Rozas, Torrelodones, Villanueva de la Cañada, Valdemorillo, Brunete y Las Matas, porque además me niego a usar el GPS, soy así, la explicación no la tengo, pero es que yo hago muchas cosas para las que no tengo explicación, las hago o dejo de hacer porque sí y ya está ... y en otros momentos hago otras cosas ...
Pero entre tantos mientras tantos llega un día en que me faltan las fuerzas, y vuelvo a empezar de nuevo, tengo que sacar la espada, ponerme el casco, borrar la sonrisa y poner cara de arghhh, ahí está de nuevo el maldito gigante, vaya pesadilla corriendo con una bestia detrás, dime que es mentira todo ... ay perdón, me despisté, pues eso, que me toca otra vez luchar, hasta que vuelva a salir el sol, y así van pasando los días en este mundo descomunal, donde siento mi fragilidad.
Pero si hay algo que realmente me da miedo es la enormidad, me da miedo que un día nadie pueda oir mi voz. De momento saco el paraguas hasta que salga el sol.
http://vimeo.com/9888200
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