martes, 28 de septiembre de 2010

Cosas que ... no importan

Hoy he pasado la ITV. Bueno me voy a explicar con propiedad, como le gusta a mi padre que me exprese, hoy he llevado mi coche a una revisión de la Inspección Técnica de Vehículos, y lo he hecho yo sola, ya ves, hoy he hecho una de esas cosas que siempre suele hacer Pepe, porque yo siempre me escondo detrás de un arbusto o silbo cuando llega el momento de hacerlas, esta vez no me ha quedado más remedio, he tenido que ir yo solita, me temo que Pepe se está empezando a cansar de mis maniobras, pero es que creo que yo no he nacido para este tipo de cosas, qué le vamos a hacer ... bueno en cualquier caso, allí me he plantado yo con una maxi sonrisa y un mini coche, "abre el capó" me dice un chico con mono, ains, "deja, ya lo abro yo", dice el chico del mono, y así sucesivamente, se ha debido pensar que soy una tonta con maxisonrisa y minicoche, pero todo sabéis que no es verdad, lo sabéis ¿verdad?, ¡no os oigo! vale, vale, que sí, que sé que lo sabéis, pero es que nunca antes he tenido que abrir el capó de mi minicoche, y yo qué sé por dónde se rellena el agua del limpiaparabrisas, y así sucesivamente ... y la sonrisa, sabéis que me sale del alma. Y da gusto encontrarse con chicos con mono como el que me he encontrado yo hoy, que también sonreía mucho.
Ya tengo algo que añadir a mi curriculum vitae. Paso ITVs. Bueno al menos mi coche pasa la ITV, porque yo, a mí sólo me ponen el sello ése por un mes como mucho, pero bueno ...

Hoy he descubierto que el pasar un verano tirada al sol leyendo o sin leer (el dato no tiene importancia) y viendo cómo los demás hacen surf no equivale a entrenamiento físico. He retomado mis sesiones de Bikram Yoga, y tengo que reconocer que mi forma física se encuentra un poco deteriorada, pero sólo es cuestión de un poco de tiempo y de la llegada del otoño, y entonces mis músculos dormidos se colocarán en su sitio, es que el sol nos pierde, a ellos y a mí.

Hoy también he descubierto que mi sofá favorito combinado con una buena TV serie sigue teniendo efectos sedantes sobre mi persona.

Esta mañana hacía frío y me he comprado "Things the Grandchildren Should Know", porque sí, porque me apetecía leerlo en inglés ... y eso es lo que voy a hacer ahora.


lunes, 13 de septiembre de 2010

Ahora entiendo la teoría del ying y el yang

Un día de éstos hace ya 15 años que Pepe y yo estamos juntos, y empiezo a hablar ya de unas cifras que yo misma me asusto, 15 años juntos, 21 años en Madrid, mi hija mayor tiene 10 años, aunque me pienso que mi hermano tiene treinta y pocos ya tiene treinta y muchos … y aunque en realidad lo que debería celebrar hoy es el decimotercer aniversario de nuestra boda lo que en realidad celebraría si me gustaran las celebraciones (que no me gustan) es que hace 15 años que Pepe y yo un día tal como hoy salimos de casa cada uno por nuestro lado y nos encontramos, ya ves, como en las pelis. Sigo pensando que sobre la boda mejor correr un tupido velo, ¿he dicho velo?, Pepe (y los demás) siguen pensando que fue un acontecimiento chulo, divertido y bonito, Rubén (mi hermano) sigue pensando que una boda es una boda, la mires por donde la mires, … pero quizá algún día hable de la boda, cuando la digiera, cuando digiera mi poco meditada decisión, es que sólo han pasado trece años … sólo te contaré que, por lo menos, conseguí que un paisano me trajese el día antes (o ¿fue el mismo día?) de un campo de Palencia muchos girasoles, y es que esa era mi principal preocupación, con eso te lo digo todo, pero bueno eso es otra historia … al día de hoy me sigo sin llevar bien con las bodas, qué le vamos a hacer. El caso es que un día de estos igual hasta celebro que hace quince años quedé con mi (ex)amiga cuando no era ex y nos fuimos a cenar para celebrar no me acuerdo el qué, pero era ella la que tenía que celebrar algo, algo relacionado con el trabajo, ascensos supongo, ella nunca celebraría un descenso, aunque ello le llevara al camino de la cuasifelicidad, pero el caso que la celebración era suya porque, por aquellos días, yo poco tenía que celebrar, acababa de romper con ese novio tan guapo que tenía pero que de tanto fumar lo que no debía un médico le dijo un día que se iba a volver azul, estábamos hechos el uno para el otro pero no nos conveníamos, buscábamos el sentido de la vida leyendo los cuentos más tristes de Benedetti en las tardes más frías del invierno, y claro, no acabábamos de encontrarlo, y además yo no quería una familia de pitufos azules … el caso es que celebraba en un restaurante lo que sea que tuviese que celebrar mi (ex)amiga y después a seguir celebrando, nos vamos a tomar una copa a no voy a decir dónde, sólo diré que era/es uno de esos sitios donde yo antes iba pero ya no voy, larga cola de gente en la acera, cachas de seguridad con cara de estúpido en la puerta apartando a la gente, ¿que por qué iba yo a un sitio así?, no lo sé, supongo que porque los imbéciles esos nos dejaban pasar y nunca me paré a pensar nada más, una vez dentro qué agobio, qué calor, qué música, qué de gente, busquemos un hueco, ¿qué por qué iba yo a un sitio así? no lo sé … una vez conseguido el hueco, mi ex(amiga) se encuentra con un amigo al que yo también conozco pero paso de saludar, prefieroesperarteaquí, y ahora qué hago yo con mi super chupa de aviador, porque yo de los guardarropas siempre he pasado, y es que soy así, hay cosas que no y no me preguntes por qué, y una de ellas es el guardarropa de los garitos (otra es el GPS, ya sé que no tiene nada que ver, pero se me ha venido a la cabeza, no soporto a la señorita esa que te obliga a girar por aquí y por allí, prefiero bajar la ventanilla y preguntar, oye por favor, para ir a la calle Benito Bercimuelles?), el caso es que en una esquina de una de las barras vi a dos chicos con cara de buena gente, uno de ellos se parecía a Hugh Grant muchísimo y el otro, así de repente, no se parecía a nadie, me acerqué y les dije si les importaba que dejara mi chaqueta (de aviador, una pasada de chaqueta) junto a las suyas y me la echaran una ojeada, puesclaro-por supuesto-biensure –faltaríamás-esoestáhecho-pasdeprobleme-medijeronconunasonrisadeorejaaoreja, qué chicos tan amables, y el que se parecía a Hugh Grant, que era francés, me empezó a hablar sin parar en el idioma de Baudelaire, y yo, que soy muy políglota y muy educada pues le di un poco de conversación, y él, que no hablaba el idioma de Cervantes debió pensar “pues qué bien”, hasta que le dije que estaba con mi ex (por aquellos tiempos amiga, incluso mejor amiga), y que lo sentía pero que me iba. El caso es que mi ex, que además de ex(amiga) es políglota, y habla el idioma de Baudelaire mucho mejor que yo, se acabo encargando de dar conversación al francés (que a pesar de ser muy guapo era muy francés y muy pesao) y yo acabé hablando con el nacional que se llamaba Pepe, y era muy madrileño y muy agradable (como todos los que le conocéis bien sabéis), pero bueno, después de un rato y unas copas nos fuimos cada uno en una dirección, era tarde, unos a un lado de la Castellana y otros al otro … Una semana después mientras tecleaba alguna noticia la operadora de la centralita me llama y me dice “ay Marta! a ver si eres tú, eres la cuarta Marta que le paso a este chico, espero que seas la que busca”. Era Pepe, quería invitarme a cenar, sabía mi nombre y, por lo visto yo le había mencionado que trabajaba en EFE … no le pude (ni quise) decir que no.

Ahora comprendo perfectamente la teoría del ying y el yang. Han sido quince años de muchas cosas buenas y alguna mala, pero muchas buenas. Quince años, Catalina, Bruno, dos casas, muchos viajes, muchas cosas, un perro dado en adopción, muchas risas, muchas lágrimas, algún bache, muchísimos proyectos, posibles e imposibles, pero eso da igual … el día que dejemos de soñar esto se habrá acabado.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Fundido en blanco

Esto del verano se acaba, en breve empezaré a meter en las maletas todas mis cosas y las de mis hijos y pondré rumbo al kilómetro cero. Atrás dejamos dos meses y 18 días de cosas buenas, días de sol y de chirimiri, de playas y calas, de siestas y de madrugadas, de algún kilómetro en bici y de muchísimos kilómetros en coche, días de buenos días y días de bonjour, días de mar y olas, días de nada y días de todo, días de hamacas desgastadas por el uso y hamacas nuevas, días de libros, días de viejos y nuevos amigos, días de pueblo y días de ciudad, días de helados de sabores y colores, días de música, días de islas mediterráneas y días cantábricos, días de fotos y días de saltos, días de bienvenidas y de despedidas, días de familia ...

Ahora hago un fundido en blanco y la peli sigue, y antes de los títulos de crédito, voy a dedicar unas palabras que combinadas entre sí pretenden agradecer a Maria José hasta el infinito y más allá el que esté a mi lado haciéndome tan fácil lo difícil, guiándome por los pasillos en la dirección correcta, abriéndome puertas con sonrisas detrás y explicándome una y otra vez todas esas 'hematocosas' que a mí me gusta que me expliquen, porque entonces me creo que las entiendo y así creo controlarlas mejor, aunque sé perfectamente que yo no controlo nada, no controlo el puñetero miedo este que me invade, así que no controlo nada, pero así todo me gusta que me expliquen las 'hematocosas'. Así que, como no me dejas decirte gracias, digo gracias aquí (jaja), porque aunque sé que no las necesitas, yo sí que siento la necesidad de dártelas una y mil veces, gracias por ésto, y por lo otro, y por aquello, y por eso otro ... y puestos a dar las gracias a la comunidad médica, me podría pasar un buen rato escribiendo nombres sin parar, pero no lo voy a hacer, porque corro el riesgo de olvidar alguno, como los premiados con un óscar, y eso queda muy feo. La verdad es que siempre quise decir algo así, porque es fantástico estar rodeada de gente a la que te apetece agradecer en público su ayuda, su cariño, su apoyo, sus sonrisas en los malos momentos ...

Y ahora me voy a tragar unas cuantas pastillas de colores, estoy tan cansada ...



lunes, 2 de agosto de 2010

Entre dos mares

Pasando el verano entre dos mares disfruto de los días largos sin prisas. En las islas salió el sol cuando llegué, el norte sigue con sus manías de ‘hoy sol mañana lluvia y tonto el que haga planes de ir a la playa sin esperar a que sean las once de la mañana del día elegido’, pero yo ya no miro al cielo para buscar el sol, si quiere salir que salga, si no, que se esconda, a mí … eso sí, prefiero que no llueva, pero si llueve … pues me mojo, o me quedo en casa leyendo que tengo una enorme pila de libros que me he propuesto leer antes de que acabe el verano, y últimamente estoy muy cabezota, y me los voy a leer, pero como también me he propuesto otras varias cosas más, pues no sé si me va a dar tiempo. Es increíble, me falta tiempo incluso cuando tengo casi todo el tiempo del mundo a mi disposición, yo no sé cómo me las arreglaba antes para hacer esas cosas que me gustaba hacer y que … creo que hacía, porque a veces hasta lo dudo. ADX (antes de eso) mis hijos eran pequeños, eran dos bebés con necesidades y horarios diferentes que no dejaban un minuto libre, ADX yo tenía un trabajo con horarios irregulares que incluían guardias de fin de semana, ADX probé y sufrí montones de cuidadoras que nunca se adaptaban a mis necesidades, ADX contaba los días en el calendario y hacía combinaciones imposibles para conseguir un tiempo muerto, ADX yo estaba enferma y no lo sabía, mi cuerpo me avisaba de todas las maneras posibles y ante nuestra incapacidad para verlo explotó cuando no pudo más, mientras tanto, ADX yo convivía con dolores de todo tipo y con un cansancio indescansable y permanente, pero ADX, y no sé ni cómo, leía, no sé cuándo pero leía, iba al cine, no sé cuándo pero iba, viajaba cuando mi calendario lleno de colores fosforitos me dejaba, sí sé cómo, con la impagable ayuda de mis padres que se hacían cargo de mis hijos para que yo me paseara por las capitales europeas o me codease con los osos en las montañas rocosas. Ahora que vivo en la era del DDX (después de eso), tengo tiempo y me considero la persona más afortunada del mundo porque, además de tener tiempo, mis hijos son personitas que cuasirazonan y que se cuasivalen por sí mismas (entendiendo por cuasivalerse que se sientan en una mesa y comen lo que les toque comer como al resto de los congregados, que distinguen entre el día y la noche, que saben subir y bajar escaleras y saltar zanjas , que saben que si te adentras en el mar corres peligro aunque sepas nadar, que entienden el lenguaje de los semáforos…). Quedan muchos años para poder prescindir del cuasi, pero yo ahora tomo el sol con tranquilidad mientras ellos disfrutan de la playa, no sé si me entiendes. Ahora hago pilas de libros junto a mi cama y sé que tiene sentido, ahora tengo el ordenador lleno de documentos que no están en blanco, ahora tengo tiempo para tomar café con mis amigos y hablar y hablar, porque nos gusta hablar (además de conducir), ahora cargo con mi cámara al cuello porque cuando quiero me paro a hacer fotos, ahora voy, vengo, me vuelvo a ir, de vez en cuando me pinchan la vena y tal y tal, ahora duermo (y sueño), antes soñaba (y no dormía) … ahora ¡hago tantas cosas!, incluso ¡no hago nada!, nada más que mirar al cielo, estar con mi gente, pensar sin pensar, balancearme en una hamaca debajo de un árbol … ahora soy la que manda en las horas, minutos y segundos … y el verano sigue pasando entre dos mares.

miércoles, 30 de junio de 2010

Easy days

Escribiendo en línea recta con el mar, si levanto la mano del teclado y la estiro toco el agua y el cielo, que hoy son del mismo color, si estiro un poco más el brazo toco Mallorca, a medio camino mis hijos se bañan en una piscina sin cloro, de fondo la música de Jack Johnson, un vaso de agua muy fría en la mesa, las bicis aparcadas, un biquini verde, el dolor de cabeza anestesiado a base de Enantyum y por delante una tarde de playa hasta la puesta del sol. Así pasan mis easy days, uno detrás de otro.
No tengo ganas de comer, aquí me alimento de aire. Tengo mucha sed, pero se me pasa cuando me baño en el mar, me gusta nadar con los peces transparentes, y tumbarme en pareos descoloridos por el sol y el tiempo, mis hijos se están volviendo rubios minuto a minuto, a pesar de todo son hijos de la oscuridad que brilla, no sé cómo pero cuento doce sombreros sobre una silla, doce sombreros, doce pareos, dicen que hay españoles en Sudáfrica y que se han vestido de rojo, no lo sé, casi todo me da igual, especialmente algunas cosas, arena que quema, sandía helada, no sé dónde me he sentado pero huelo a resina, y además estoy pegajosa, pero huele muy bien, verde del bosque contra azul del cielo y azul del mar, caminos, saltamos por el camino, saltamos al llegar … por la noche la luz del faro entra por la ventana, easy days, easy nights … helados de chocolate amb toronja …

miércoles, 9 de junio de 2010

Me gusta

Mis hijos, mi familia y mis amigos, la gente a la que quiero, la gente que me quiere, esas personas que me cruzo por la calle y a las que podría llegar a querer, la música, las canciones, los libros, el mar, saltar, la playa, el sol, el agua, el bikram, las nubes, la mermelada de arándanos, subirme a un árbol, viajar, el café, las botas, los sombreros, los pañuelos para el cuello, el verano, las pastillas de colores, Eels, Madrid, las bicicletas, la cerveza, Vancouver, hacer fotos, las cremas de Khiels, el norte, comer sandía, ir en tren, namasté, el cruce de miradas, las miradas que se cruzan, el cine, sonreir, los semáforos en ámbar, Menorca, conducir deprisa, el otoño en Maine, el otoño, el té, la gente amable, una guitarra, la piel morena, un concierto, lo desconocido, California, llorar, una mecedora en un porche, Londres, el salitre en la piel, las palabras, mi i-pod, las cerezas, el calor, un abrazo, una furgo VW, un velero, el chocolate, NY, la nieve, Wilco, la hierba, un columpio, el viento, mi sofá, los ancianos, el olor de los bebés, hacer el pino, los polos de limón, una casa en un árbol, un deseo, capicúa, los aeropuertos, los chicos con patillas, el rugby, el arco iris, los tomates verdes fritos, las olas, los puzzles, escribir, un baño de espuma con aceite de limón, los sandwiches de mantequilla de cacahuete, los médicos, las chanclas, un campo de flores, Barcelona, nadar, el thunderbird del 66, los chicos con gafas, tumbarme al sol, el aquarius, jugar al parchís, los masajes, las motos, Gregory Peck, no hacer nada, Bob Esponja y sus amigos, las bibliotecas, los amaneceres, la ropa tendida al sol ...

lunes, 24 de mayo de 2010

Qué risa

Tengo ahora puesta mi esperanza en la terapia de la risa, no en la de la sonrisa, sino en la de los ataques de risa, esos que hacen que te dobles y los abdominales te duelan a rabiar, de esos que te hacen pensar que te vas a morir, morir de risa, no tiene que ser una mala forma de morir si es que existe alguna forma de morir que no sea mala. El otro día tirada en la cama a una hora que no es la hora de dormir (cuando digo tirada es tirada, no tendida, ni tumbada, ni acostada, ni recostada, sino tirada, y el matiz es importante) intentaba encontrar una nueva terapia contra el dolor de cabeza, algo alejado de la química, de los curanderos, de los masajes, algo que no tuviera que ver con el control mental, algo que nadie me hubiera recomendado todavía, y no sé por qué se me ocurrió que quizá un buen ataque de risa funconaría como una especie de analgésico. Y tiré de mi archivo mental para revivir el top ten de los mejores ataques de risa de mi historia, me di cuenta de que casi todos los había vivido con mi hermano y mi madre. Me encantaría que compartieras conmigo esos momentos, pero soy consciente de que contarlos no serviría para nada, son situaciones que se viven y ya está, para los demás carecen de gracia y yo, que aborrezco los chistes, no seré la que torture a nadie con aquella historia que nos pasó a mi hermano y a mí durante una misa en Galicia, juajuajauajua, es que las misas han dado mucho de sí, juajuajuajau, ni tampoco aquella otra cuya protagonista era una chica con el pelo amarillo que todavía se debe estar acordando de la maldita peluquera, de verdad que no tenía ni pizca de gracia juajuajuajua ... mi hermano y y nos miramos a la cara, nos acordamos de una tontería y nos partimos de la risa, nos calificamos a nosotros mismos de "gomaespumosos" ... nos reimos de nosotros mismos, y seguimos nuestro "protocolo" juajuajuajuaja ...

Allí tirada y de repente me entraron ganas de reirme muy fuerte y llamé a mi madre y le pedí que me contara por favor otra vez la historia esa de cuando no le quedo más remedio que subirse a la fregoneta de un gitano chatarrero juajuajuajuajua ... fue mi madre un día hasta la casa de unos gitanos que viven en el centro del pueblo, justo enfrente de la casa del ilustre escritor costumbrista montañés José María de Pereda, ya ves. Iba a pedirles que se pasaran por mi casa a recoger una lámpara de la que mi madre había decidido desprenderse (por fin) porque era bastante fea juajuajuauaja ahora nos reimos del día que compró esa lámpara tan fea, pero esa es otra historia, esa lámpara tiene historia y es un gran borrón en el estiloso curriculum de mi estilosa madre juajuajua, pero estaba con los gitanos ... se presentó mi madre en su casa mientras la familia de veinte disfrutaba de una enorme paella de marisco a la que, según me dice, no le faltaba de nada, carabineros y gambas ninguneaban al pobre arroz, me cuenta que olía de maravilla, y es que por lo visto la "mama" cocina de maravilla. Se disculpó mi madre por interrumpirles la comida, les habló de la lámpara y el "papa" se levantó de la mesa dispuesto a recoger la lámpara en ese mismo momento (antes de que mi madre se arrepintiese). En tono decidido le "ordenó" a mi madre que se subiera a la fregoneta azul que pallá se iban.. Ella amablemente declinó la invitación y le dijo que no se preocupase que le gustaba caminar, que se daría un paseo, pero fue inútil ... por lo visto no es tan fácil llevar la contraria al "papa" de esa familia, así que juajuajuajauaujau ... ay, es que sólo imaginarme la cara de mi madre montada en la fregoneta azul juajuajauajauau ... de verdad, sé que no lo entiendes, juajuajauajau, pero tiene mucha gracia , juajuajauaua ...

Risoterapia a lo bestia contra el dolor de cabeza.

jueves, 22 de abril de 2010

Caótica Marta

Estoy buscando un camino alternativo, me he cansado ya de pasar siempre por las mismas atascadas rotondas, de parar siempre en los mismos semáforos, de ralentizar mi velocidad siempre en las mismas calles, de toparme siempre con los coches aparcados en doble fila en el mismo boulevard, de dar vueltas para aparcar siempre en las misma zona, me aburro, me aburro de ver los mismos edificios, de cruzar los mismos pasos de cebra colocados siempre en el mismo sitio y siempre con las rayas de color blanco, ¿por qué no los pintan de colores?. Llegando a la rotonda X circulo siempre por el carril de la derecha, tengo calculado que siempre te incorporas antes, sin embargo en la rotonda Y me incorporo por el carril de la izquierda, no sé cual es el fenómeno traficológico que hace que en esa rotonda las cosas sean al revés. Si me salto el semáforo X en ámbar no pasa nada, pero si me salto el semáforo Y en ámbar me quedo en medio por medio segundo y el coche que viene por mi izquierda se pone a pitar como un loco, porque seguramente esté muy cabreado con su socio debido a una gestión mal llevada a cabo y tenga ganas de llegar a casa o a dónde quiera que vaya, puede que al gimnasio a luchar contra el colesterol y los michelines, porque contra la alopecia galopante hace tiempo que perdió la batalla, y no me pites a mí, que me duele la cabeza, y además yo no tengo la culpa de que la gente no sepa circular por las rotondas igual de bien que lo hacen nuestros vecinos los franceses, que esos sí que saben, así que deja el claxon en paz, porque ¿sabes qué?, mi coche también tiene, y yo también puedo resultar muy desagradable cuando me empleo a fondo con él, así que dejémoslo, vamos a dar una oportunidad al silencio, o a la música, ahhhh, ¿que vas escuchando una irritante tertulia de esas en las que cuatro tarados opinan de todo un poco?, pues chico ese es tu problema, te aconsejo que pongas música, es mejor, pero bueno cada uno ...
Ayer cambié la ruta, decidí cambiar los habituales semáforos y rotondas por un rodeo por la M-algo, al menos así puedo pisar el acelerador, pero ¡vaya qué mala suerte!, un panel informativo anuncia retenciones como consecuencia de un accidente unos kilómetros más adelante, creo que no he elegido buen momento para cambios, así que me salgo por aquí, da igual a algún sitio me llevará, argghhh, me he pasado, bueno sigo y doy la vuelta, qué follón hay ahí, ¿qué hace tanto poli en la zona?, seguro que algún famoso-con-cargo y coche blindado de lunas tintadas está ingresado en la clínica ésta que le gusta tanto a los famosos (con y sin cargo), ¿y yo por donde me salgo?, ¿por la primera o por la segunda?, bueno mientras lo decido doy otra vuelta a la rotonda, y otra, ¡ay mierda!, perdón, quería decir ¡ay rayos y centellas!, que se ha debido de mosquear el poli éste y me manda parar, noooooooooo, documentación, arghhhh, yo que sé, espere, o espera, a los agentes de tráfico ¿se les trata de usted?, es que este es un poco rockabilly, no me pega, pero yo por si acaso le trato de usted, tengo una prisa de muerte, los niños salen del cole y se ponen muy nerviosos cuando yo no estoy esperando en la puerta con una amplia sonrisa y dispuesta a hacer de perchero humano, déjelo, circule, y circulo, que majo el poli rockero ... creo que ya sé como salir de aquí, pero al final por evitarme lo de todos los días me he tragado el doble.
En cualquier caso seguiré buscando mi camino alternativo, hablo en serio cuando digo que estoy cansada de ésto y de lo otro, aunque puede que todo sea culpa de mi estado de ferropenia, ese es mi nuevo adjetivo, ahora soy o, mejor dicho, estoy ferropénica, y eso me produce un tremendo cansancio. Tomaré ese líquido negro asqueroso media hora antes de las comidas y espero dejar de estar ferropénica, porque prefiero ser indie que ferropénica, que suena fatal, y eso que el hierro no le viene nada bien a mi médula, porque le anima a producir glóbulos y bastantes produce ella sola, pero debe ser que no me sirven, no sé, todo es un lío, pero yo soy un lío, circulo entre el caos mientras mi sangre circula entre el caos, todo es un poco caótico, yo soy caótica, caótica Marta ... hay cosas que no cambian, ya veré por donde circulo mañana, depende ... de ... y yo qué sé de qué depende ...

lunes, 12 de abril de 2010

Activando mecanismos

Hoy no me he levantado dando un salto mortal. Hoy me he levantado con un dolor de cabeza que, a pesar de no ser demasiado fuerte, era un dolor con sus cinco letras. Se debió colar en mi cama esta noche cuando dormía profundamente, y es que en mi cama caben muchas cosas, a veces han llegado a coincidir allí dos adultos, dos niños, varios tipos de dolores y sueños a mogollón, no me preguntes cómo, porque mi cama no es king size como esas de los hoteles, y no me preguntes cuánto mide porque no tengo ni idea, yo que sé lo que mide una cama, pero tampoco sé cuantos habitantes tiene mi ciudad, ni la ciudad donde nací, no tengo ni una idea aproximada, pero es que hay determinados datos que mi cerebro no está preparado para almacenar, no sé por qué, y entre esos datos están las medidas estándar y la población de las ciudades.
El caso es que no porque se empeñe en visitarme asiduamente consigo coger cariño a este pesado dolor de cabeza, y en vez de café con pastas le obsequio siempre con una (o media) pastilla de enantyum 25 mg, dexketoprofeno trometamol con agua para el visitante no invitado, se acabó la hospitalidad en mi cabeza, hola soy Marta Montoya, tu invadiste mi cabeza, preparate a morir.
Y cuando he conseguido acabar con él (por unas horas, espero que muchas horas), he pulsado la tecla ésa que tenemos las madres localizada cerca del ombligo y que activa el programa ése que funciona 24 horas al día los 365 días del año y al que no le afectan ni los cortes de electricidad ni los descensos de energía. Este programa tiene un funcionamiento similar a los generadores de emergencia de los quirófanos, siempre tienen que estar preparados. Y gracias a este programa mis hijos han ido brillantes y bien alimentados hoy al colegio, vitaminas, calcio, proteínas concentradas en un desayuno express con repaso de spelling incluído, recuerda hijo dress acaba con dos eses, si, vale, vale, y para el próximo spelling no olvides estudiarlo con tiempo, esto de acordarte de un examen un domingo por la tarde no lo vuelvas a hacer, vale, vale, te lo prometo, ya, ya, prometer es una palabra vacía de significado para tí, creo, pero bueno ... llega el autobús, corred, corred ... run, run ...
Desactivo el programa y me preparo un zumo de naranja, porque cuando volvía hacia casa la imagen de mi madre me ha visitado, mi conciencia se ha activado y he pensado que igual a mi organismo le vendría bien una ración de vitaminas de color naranja. Me he bebido un vaso rebosante de zumo de naranjas con una pajita de color rosa fucsia, yo la quería verde, pero me ha tocado rosa fucsia, y todos sabemos que te tienes que quedar con la pajita que cojas con los ojos cerrados, sin hacer trampas, te toque la que te toque ... hay cosas que son así porque siempre han sido así y tendrán que seguir siéndolo, así que rosa fucsia.
El problema es que la vitamina C ha debido activar en mi cerebro el mecanismo de sueños imposibles (de momento). Esos sueños implican aviones que cruzan océanos y aterrizan en lugares donde yo tengo planeado instalarme en breve, allí donde huele a mar, donde mis hijos podrán surfear al atardecer después de leer un rato libros de aventuras mientras meriendan la fruta de la temporada recién recogida de los árboles que rodean nuestra casa, esos árboles en los que viven familias de ardillas de cola espesa y orejas puntiagudas. Esos lugares donde los amaneceres no meten prisa a nadie, donde los sentimientos fluyen sin necesidad de artificios, donde nadie sabe qué son los aditivos, donde la brisa se disfraza de analgésico ... me voy a poner imágenes a este sueño, me voy a dormir un rato. Nos veremos pronto.

¿Os había dicho que me voy a comprar una bicicleta?

miércoles, 24 de marzo de 2010

... y no olviden supervitaminarse y supermineralizarse

Me da igual que lo califiquen de cansancio subjetivo como haces tú, Dani-my-friend, me da igual que le echen la culpa a la unión de fuerzas de todos los medicamentos que me meto al cuerpo día a día como haces tú, Manuel-my-friend, me da igual que le echen la culpa a la poca cantidad de comida que ingiero habitualmente como haces tú, my-dear-Mum, me da igual que le echéis la culpa a mi adorado sofá, al que acusáis de acapararme en exceso y de poseer efectos adictivos, como hacéis tú, y tú, y tú también (desde aquí pido que se limpie la imagen de mi pobre sofá, que no hace otra cosa que acogerme en sus brazos cuando todo lo demás me falla) ... me da igual lo que piense el resto del mundo sobre mí y la sombra de cansancio que me acompaña, el caso es que un día de éstos creo que me voy a morir de cansancio, me voy a deshacer formando un charco de un líquido de color azul cielo, o voy a desaparecer al doblar una esquina empujada por una ráfaga de viento, o quizá una tarde, a la hora de la siesta, mi sofá me trague ... vete tú a saber qué formas puede llegar a adoptar el cansancio para cargarse a una persona.
Ya sé lo que estás pensando, que nadie se muere de cansancio ¿y éso quién lo puede afirmar con total seguridad? porque mi cansancio no es ese tipo sonriente que aparece después de jugar un partido de pádel o de correr media hora, no mi cansancio es un tipo siniestro que vive en las profundidades de la tierra y que tira con todas sus fuerzas de mí mientras yo me resisto a ser arrastrada.
Pues si no comes ... ¡ así te va a ir a tí !. Primer punto, sí como, claro que como. Segundo punto, para más información, preguntar a mi estómago.
¡ Pues toma vitaminas !, pues no debo tomar vitaminas, porque interactúan con un medicamento que tomo y es un poco pijo y todo le afecta y tal y tal.
¡ Pues prueba con la medicina alternativa !, pues me niego, estoy enfadada, pero muy enfadada, con la medicina alternativa, porque cuando antes de que me pasara lo que me pasó, por aquel entonces en el que yo me encontraba tan mal, y nadie se tomaba en serio mis quejas, y cuando digo nadie, hablo de médicos, porque los que más me quieren sí que se preocupaban por mí, aunque no sabían cómo ayudarme, pues por aquellos días decidí visitar a un famoso homeópata que tenía una enorme consulta en la calle Claudio Coello de Madrid. Pensaba que esa primera visita era el principio del fin de mis males disfrazados de estrés, pero que a mí no me engañaban. Y después de mirarme los ojos con una minilinterna y de preguntarme si mis padres estaban sanos y hacerme confesar a la fuerza lo mal que me alimentaba, se puso a escribir en un papel el nombre de esas bolas blancas que recetan los homeópatas y el nombre de unas supervitaminas que me iban a dar fuerza inhumana, perdón sobrehumana, y le dijo a la estúpida de su enfermera que me diese información sobre como tenía que ser mi alimentación de entonces en adelante, sana, muy sana, excesivamente sana, tan sana que no cabía en la cabeza de un individuo que le ha tocado vivir a principios del siglo XXI. Y como no quería irme de allí sólo con dos papeles me atreví, osada de mí, a preguntarle sobre mi diagnóstico, nada, nada, todo está bien, lo único que no te funcionan muy bien son los riñones, pero eso lo arreglamos en un pis pas. ¡ Pues vale, tío !
Que nadie me vuelva a decir que pruebe la homeopatía, por favor, a muchos les habrá funcionado, pero la sensación que produce en mi cuerpo es de rabia, dos meses antes de que mi cuerpo explotara (literalmente) este señor con tantos títulos y tan reconocido que incluso había trabajado para la familia real inglesa, me dijo que en mi cuerpo todo funcionaba bien, cuando lo único que funcionaba bien en mi cuerpo eran ... sí, ¡los riñones!. Y que conste que a mí todo me parece muy bien, faltaría más, viva la homeopatía, la medicina alternativa y su prima segunda la tradicional, que tampoco supo ver a tiempo lo que me pasaba, y que conste que no fue porque yo no les avisara de lo que mi cuerpo me estaba tratando de decir. Pero ya es demasiado tarde para pensar en todo eso, yo ahora no creo en nada, yo ahora sólo creo en dios, en Diego, es decir dios en la tierra. Lo de la D es casualidad. El día en el que Diego decida abandonar el ejercicio de la medicina y monte un templo pues allí que me planto yo a orar y orar sin parar, que yo cuando me pongo no paro. Mientras tanto yo le sigo ad-orando en voz baja y sigo buscando la manera de encontrarme mejor. Llegará un día en el que cuando vaya a cruzar una calle y el monigote verde empiece a correr para meterme prisa, yo no me agobie. Llegará un día en que seré como un super-ratón supervitaminado y supermineralizado.
Uy, se me habían olvidado los signos de interrogación, lo que en realidad quise decir era "¿Llegará un día en el que cuando vaya a cruzar una calle y el monigote verde empiece a correr para meterme prisa, yo no me agobie?. ¿Llegará un día en que seré como un super-ratón supervitaminado y supermineralizado?".
(Reflexión personal en voz baja : ¿por qué siempre tengo que moverme entre puntos extremos?)